La muerte y el suicidio. El suicidio y la muerte. Ni el sol ni la muerte pueden mirarse a la cara, dijo Rochefoucault. Plutarco cuenta la epidemia suicida acaecida entre las jóvenes de Mileto y cómo se acabó con ella al someter los cadáveres a escarnio público. Las penas del joven Werther también provocaron una oleada de suicidios. Actualmente, el suicidio es la segunda causa de muerte, tras los accidentes de tráfico, para jóvenes entre los diez y los veinticuatro años.
Entre las clases de suicidio que distinguen los estudiosos: el provocado por las pasiones, el producido por una enfermedad mental y el provocado por el tedio de vivir, sin duda el más difícil de comprender es este último, así como el más difícil de explicar, pero también el más contemporáneo. Cuando sobra de todo y no se tiene nada, la persona sufre una corriente eléctrica convulsa y fría. Cuando, además, se ha convertido la muerte, propia y ajena, en un espectáculo: tantas performances tétricas, el gusto por lo gótico, la representación lúdica o sucia del instinto de muerte…, se produce un extrañamiento, una distancia inasible que atrae como todo lo fatal. Ahora no cesaría la epidemia de suicidios por someter los cadáveres a escarnio público. Se haría espectáculo.
Queremos mirar a la cara a la muerte, queremos escudriñar en ella e ir más allá. Pero cuando la miras descubres con espanto que no la ves, que no permite encontrar un sentido a la vida. Y cuando no se encuentra…